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¡VAMOS, COMPAÑEROS MILITANTES!

Que vos, compañero a quien tanto aprecio, celebres el 17 de noviembre de 1972 como el día del militante, me duele en el alma! ¡No hermano! ¡es el Día de la Militancia!

Este error, aparentemente trivial, significa algo profundo: que los liberales nos están comiendo el coco. ¡Cuidado compañeros!

Decir día del militante es una reducción individualista neoliberal. Se la inventó durante el menemismo. Nunca antes había sido. De manual, nos despreciaría Durán Barba.

Es como la apelación al “vos” de Macri o la forma de los mensajes de los publicistas modernos que promueven individualismo, fragmentación y todo lo que sirva para romper la unidad, solidaridad y organización de los trabajadores, de las mayorías populares, del pueblo (que ni siquiera es: se dice “la gente”).

La apelación proselitista de nuestros candidatos debe fundarse en el histórico concepto de PUEBLO, no en el marquetinero excluyente y particular recurso de la publicidad dirigida a alguien en particular. Nuestro sujeto es el hombre y mujer asociados y el responsable tejido de la cantidad: la tan mentada mayoría aristotélica. Básico: ¿lo olvidamos?

El “militante” existe únicamente cuando con su acción completa la identidad histórica, la obligación con el presente y la esperanza de un pueblo. Se corporiza solamente cuando las mayorías (obvio, siempre pobres) marchan hacia su destino. Y, entonces, desaparece como personaje. Es uno más.

No hay de él posible definición singular. El militante sólo puede ser explicado como existencia plural, generosa, hermanada, amistosa, fraternal. El barrio, la UB, la organización civil, lo conoce como uno más, aunque circunstancialmente lidera.

Lo convocan exclusivamente las grandes gestas, pero como actor anónimo y, a la postre, decisivo. Laborioso autor y constructor del presente y el futuro, aunque a veces apenas sea con su omnipresencia: según la ocasión, como soldado, como organizador, como intelectual, como dirigente social, como creativo, en tanto hombre o mujer en su integridad productiva en el sublime papel de reproducir militantes cómplices para la eterna lucha de la humanidad por la libertad, la justicia y la paz. Pero de ningún modo solo. Nunca independiente de su contexto. Jamás pensado como individuo.

El militante individual, como persona, como sujeto político, no existe; sólo es tal en solidaridad, entrega y servicio social; integra el breve batallón argentino del ejército universal de los trabajadores y los pobres, la masa organizada y consciente que en todo el planeta lucha por la justicia social. La militancia es el héroe colectivo que se concreta en el hombre, la mujer, el pueblo que lucha.

Oesterheld dixit: el héroe individual no existe.

Vamos compañeros militantes. A vencer ! 

ESPACIO CULTURAL

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Las notas publicadas son colaboraciones ad-honorem. Propiedad intelectual en trámite. Los artículos firmados son responsabilidad del autor y no representan la línea editorial de la publicación. Se pueden reproducir citando la fuente. 

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